En 1982, Frank Capra recibió el X Premio del American Film Institute.

En el acto, presentado por un siempre elegante y afable James Stewart, el presidente y fundador del AFI, George Stevens Jr, hizo la laudatio del director al que se concedió un Premio a su entera trayectoria.

Stewart cuenta la vida de Capra de una forma deslumbrante, acorde con lo que siempre fue, un actor prodigioso.

Dos actrices de ensueño, Claudette Colbert y Bette Davis le saludan

 

Y al final, habla Capra (1897-1991). Su breve discurso es sensacional, entiendes que es un formidable contador de historias.

Sus homenajes al director de fotografía Joe Walker y al montador Bill Hornbeck, a los que hace ponerse en pie, son uno de los gestos más inteligentes que yo he visto en un escenario. Porque son dos gigantes, sin los cuales el cine de Capra no funcionaría.

Y cita agradecido -y sin leer sus nombres- a los guionistas de sus películas, escritas con una maestría excepcional.

Capra (que tiene un libro donde cuenta con muchísima gracia su trabajo en el cine y es uno de los más amenos que recuerdo, aunque ciertamente Capra fabule muchas cosas) no dice algo que ya se encargaron otros colegas de dejar claro: sin él, no se entiende el cine.

Basta saborear un corte de esta enloquecida y enloquecedora película de 1944 para hacerse cargo de quién es Frank Capra

La lluvia cayendo, las murallas de Jericó…

 

 

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