Dos cantantes excepcionales leen de manera diversa la misma partitura.

En 1900 se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, El guitarrico, una zarzuela en un acto de Agustín Pérez Soriano (1846-1907). Tiene una jota memorable, una bellísima canción de amor.

Un inmenso Miguel Fleta (1897-1938) canta La Jota de Perico en 1930, ya con la voz dañada. La destreza, el alma y el corazón, en la interpretación de Fleta son un sueño. En registros anteriores, la voz de Fleta es un volcán devorador (escuchen La linda tapada )pero aquí, hay una manera de cantar excepcional.

El tenor oscense tiene un fraseo absolutamente cautivador, que encabalga los versos con una delicadeza tosca logradísima: es el requiebro de un hombre de campo, sencillo con pasión de pastor, que quiere decir a su amada tanta cosa y se aturulla… Cumulativo, terco, obstinado, suena el amor de Fleta. Estás viendo, las ovejas pastar al fondo…

En 1965, Alfredo Kraus (1927-1999) uno de los tenores más técnicos de la historia, con una voz educadísima y un buen gusto arrollador, cantó lo mismo. Es maravilloso. Pero lo del Fleta, a mi juicio, es inalcanzable.

Compruebenlo.

[Si me lo permiten, lean antes los versos de esta canción de amor]

El guitarrico

Jota de Perico

Agustín Pérez Soriano (1846-1907). Estrenada 12 octubre 1900. Teatro de la Zarzuela)

Suena guitarrico mío,
suena guitarrico suena,
y no te importe que el viento
vaya barriendo tus quejas,
como el viento es para todos
puede tropezar con ella.

Dila si la ves cruzar,
dila pero muy bajito,
dila que estoy medio loco,
dila que loco perdido.
Dila que la Inquisición,
dila que era un gran tormento
pero que aquello no es nada
para lo que estoy sufriendo.

Dila muchas cosas,
dila que la quiero,
dila que no vivo,
dila que me muero.
Dila que me mire siquiera un poquito,
dila que se apiade de este baturrico.
Suena guitarrico mío.

Dila que mi corazón,
dila que lo estoy buscando,
dila que en ella lo puse,
dila que dónde lo ha echado.
Dila que calme mi amor,
dila que escuche mis quejas,
dila que me estoy muriendo
y quiero vivir para ella.
Dila muchas cosas,
dila que la quiero
dila que no vivo
dila que me muero.
Dila que me quiera siquiera un poquito,
dila que se apiade de este baturrico.
Calla guitarrico mío…

 

 

 

[Me cuenta mi madre -una sevillana que, como hija de un joven médico aragonés, vino a nacer nada menos que en  Fuendetodos, el pueblo natal de Goya, en 1935- que creció escuchando cantar a mi abuelo Santiago ésta y otras canciones de Fleta, con el deleite propio del paisano]

Para ti, mamá.

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